Una sorpresa para todo el personal médico

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Escucha de parte de los médicos que usted tiene una enfermedad crónica y que tendrá que hacer un tratamiento por el resto de su vida, o que su problema es irreversible. En ese instante, bombardeado por las emociones, deja que los malos pensamientos paralicen su fe, lo que es muy común que suceda en esos momentos.
Sin embargo, para saber cómo reaccionar frente a las malas noticias y alcanzar un resultado positivo frente a la situación, es necesario estar preparado y esta preparación implica fe, perseverancia y determinación. Estas son las herramientas que pueden ponerle fin a su sufrimiento y al de sus familiares.

Fue a ellas que el obispo Francisco Decothé recurrió. A los 19 años, su hija Amanda Decothé, hoy con 26 años, (en la foto abajo con su esposo) contrajo una simple gripe y una inflamación en la garganta. En el hospital, ya medicada, parecía que todo estaba yendo bien. Dada de alta por el médico, Amanda volvió a su casa, pero comenzó a sentirse débil, vomitó durante toda una semana y volvió al hospital.
“Todo fue muy rápido. El médico dijo que ella tenía una bacteria rara, que le provocó una neumonía muy grave. Fue entubada y aislada en una sala de terapia intensiva”, recuerda el obispo.

Con dificultad para respirar debido a que los pulmones estaban llenos de agua, la situación de salud de la joven empeoraba día a día.
El obispo llegó a ser llamado por los médicos para que pasara la noche con su hija, porque corría un gran riesgo de morir. “El médico me dijo que nunca había visto un caso como el de ella ni a esa clase de bacteria, que ya no tenía esperanzas. Pasé la madrugada con ella, sosteniendo su mano. Fue la peor noche de toda mi vida, pero fue cuando tomé una decisión “, dice.

Actuar o rendirse
El obispo recuerda que esa noche sus oraciones comenzaron a ser aún más intensas e incluso recibiendo solo malas noticias, en ningún momento dejó de creer en Dios y que su hija sería curada. Fueron momentos difíciles para él y para su esposa, que no soportaban ver a su hija atravesando ese sufrimiento.
“Había una indignación dentro de mí por ver el cuadro en el que ella se encontraba. Los médicos perdían cada vez más las esperanzas, pero yo sabía que ella iba a ser curada, mi fe en Dios era mayor que cualquier otra cosa”, recuerda Marilene Decothé, madre de la joven.
Sin embargo, Amanda entró en estado de coma. Fue en ese momento que la familia decidió hacer un voto para llamar la atención a Dios y obtener la cura de la muchacha. “Después de eso, quedé en paz. Tenía certeza de que Dios haría Su parte”, recuerda el obispo.

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Unos días más tarde, Amanda salió del coma. El matrimonio atribuye el restablecimiento de su hija a su actitud de fe, ya que había hecho todo lo que estaba a su alcance.

El cambio de la situación
A través de nuevas radiografías, los médicos, sorprendidos, comprobaron lo que la pareja esperaba. Los pulmones de Amanda ya no tenían agua. Parecían ser de otra persona. “Los médicos pidieron todos los exámenes para estudiar la enfermedad y la recuperación de Amanda, porque un caso tan grave como este, era imposible que ella se recuperara tan rápido. Fue después del voto que la situación cambió rápidamente”, recuerda el obispo.
En 15 días, Amanda retomó su rutina normal y no quedó con ninguna secuela, prueba de que una actitud de fe puede cambiar cualquier historia.

La cura del cuerpo y del alma
Si usted ha pasado por momentos difíciles a causa de un problema de salud o por la enfermedad de un familiar, es necesario que fortalezca su fe y busque ayuda para la cura del cuerpo y, en algunos casos, del alma.
En todas las Universal, los martes se realiza una reunión especial para los que quieren luchar contra la situación en la que se encuentran.
“Muchas personas llegan a la Sesión de Descarga para la Cura del Cuerpo y del Alma desahuciadas por los médicos, con cáncer, lupus, sida, síndrome de pánico, depresión, y al usar la fe son sanadas”, comenta el obispo.
La reunión es para los que se encuentran en esta situación o tienen problemas considerados aún más graves por la medicina. “La única condición es no cuestionar, solo obedecer a Dios y, con certeza, el milagro sucederá”, afirma.

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