Sintonía

sintonia

La mayoría de las madres siempre se tortura al cobrarse a sí mismas el hecho de ser mejores, de hacer más para sus hijos; y todavía buscan hacer siempre lo mejor, sin medir sacrificios para eso.

Muchas veces cuando surge un problema, un conflicto e incluso cuando los hijos toman como rumbo un camino que los padres jamás les enseñaron, se inicia una gran batalla interior, un conflicto con los pensamientos negativos sobre lo que se podría haber hecho y que no se hizo; y dónde estuvo la falla u error.

Para algunas madres y padres eso sucede en menor proporción, pero para otros, es una inmensidad y eso puede hacerlos reprimir o entristecerse. Cuánto más los padres estuvieren ausentes o insensibles a la situación de sus hijos, mayor será esa dimensión de cobrarse a sí mismos.

Existen muchas otras dimensiones:
– Como la madre que trabajó mucho y que casi no tuvo tiempo para estar con sus hijos. Y por eso, recibe el rechazo de ellos.
– El padre que se involucró con los vicios – entre los más comunes las drogas, el alcohol, el juego – y recibe indiferencia y rencor.
– Padres separados que dejaron problemas mal resueltos, traumas, dificultades financieras y el remordimiento de no haberles dado lo mejor…

Entre tantos otros problemas que suceden en el seno familiar de nuestra sociedad.

Y queda abierto el canal de cobro por la perfección, por una educación sin errores. Muchos querían que fuese como un cálculo exacto de matemática: 3 + 5 = 8. Sin embargo, cuando el cálculo queda afuera de su comprensión – entran los logaritmos – viene luego la tentación de los sentimientos, la participación sutil de los pensamientos negativos y de lástima.

En uno de esos momentos, contemplando y admirando un paisaje natural de montes y montañas en el punto más alto de la ciudad, dónde todas las formas tenían curvas, y nada era recto y perfecto desde el punto de vista de quién ve todo “cuadrado, perfecto” y en realidad “inexistente”; comencé a percibir la sintonía que existe entre los colores, las curvas y formas que Dios creó. – una belleza sin fin.

De la misma manera sucede en la relación con nuestros hijos: no existen solamente aciertos, partes buenas y resultados esperados. En el medio del camino existen curvas, entre altos y bajos, momentos difíciles a ser superados, problemas para resolver, imperfecciones. Pero, si estuviésemos en sintonía con el Creador, siendo uno con Él, la relación se vuelve mejor. Tenemos respuestas y dirección, existe confianza y seguridad que el paisaje de nuestra vida está siendo esculpido minuciosamente por el Creador.

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