¿Perfecta o excelente?

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¿Usted exige mucho de sí misma por miedo a equivocarse? Y, al cometer un error, ¿reacciona condenándose? Lidiar con los propios errores no es fácil, pero una cosa es esforzarse para ser excelente y otra muy distinta es vivir en función de la perfección. Ese comportamiento no es saludable, porque puede perjudicar la productividad y la autoestima de la mujer.

Según un estudio publicado en el Canadian Journal of Behavioural Science, el perfeccionismo impide que las personas progresen. En el estudio, fueron analizados los hábitos profesionales de alrededor de 10 mil profesores. Y los perfeccionistas poseían rasgos en común, como establecer un ideal de perfección y para alcanzarlo preocuparse más por los detalles, dedicar mucho tiempo a una única tarea, verificar varias veces la tarea concluida y reaccionar de manera exagerada hacia los propios errores.

De acuerdo a los investigadores, gastar un mayor tiempo que lo necesario en las tareas puede generar atrasos, incumplimiento de plazos e incluso frustración. La posibilidad de cometer errores inhibe las acciones y limita el desarrollo de la persona. Muchas terminan huyendo de los nuevos desafíos por sentirse incapaces de realizarlos.

Miss perfección

Alcanzar el modelo de belleza valorado por los medios de comunicación, ser una madre perfecta para los hijos o querer agradar a todos por miedo de ser rechazada, son algunos de los anhelos de la mujer que sufre la manía de la perfección. Ella se exige demasiado a sí misma y eso abre un espacio a la inseguridad y a la insatisfacción, porque esa forma de lidiar con los errores y aciertos destruye la autoestima y la confianza. Ella comienza a comparar su desempeño con el de otras mujeres y pierde su individualidad. Otra consecuencia es volverse perfeccionista hacia las demás personas.

Es importante entender que cada uno tiene una manera de ser y, por eso, surgen los desacuerdos y las diferencias. Esa consciencia nos vuelve menos exigentes y nos libera de la necesidad de querer ser perfecta delante de los demás. “No es que debamos ser benevolentes con nuestros errores, pero debemos entender que a lo largo del camino vamos a cometer fallas por el simple hecho de no ser perfectas. A veces, hacemos un comentario fuera de lugar, tomamos una actitud de la cual después nos arrepentimos, decimos una palabra fuera de tono. Son tantas pequeñas cosas en las que nos podemos equivocar, pero lo importante es vigilar para no repetir los mismos errores y mejorar”, comenta la escritora Tânia Rubim en su blog. Somos fallos. Sin embargo, las ganas de mejorar y hacer algo bien hecho no se debe excluir.

¿Qué es ser excelente?

Muchos creen que la excelencia y el perfeccionismo son lo mismo. En realidad, estas palabras están en lados opuestos. La excelencia es saludable y no causa daño. Ella está vinculada al esfuerzo del individuo de perfeccionarse y no a la obsesión de ser perfecto. Ser excelente es mejorar actitudes diarias y tener seguridad al lidiar con los errores, transformándolos en lecciones.

Para alcanzar esa virtud, lo principal es que la mujer busque orientación en la verdadera fuente, que es la Palabra de Dios, y que se esfuerce para cambiar aquello que sabe que la perjudica. “Querer mejorar cada día, sin tener esa presunción de pensar que algún día llegaremos a ser perfectas, algo que solo será posible cuando nos reunamos con nuestro Dios”, dice.

Desde enero, el Godllywood Autoayuda ha abordado las características de una mujer excelente en las reuniones mensuales. Si usted desea ser mejor como esposa, madre, hija, amiga y profesional, participe de las próximas reuniones del Godllywood Autoayuda en 2017.

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