Hemiplejía y parálisis facial

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Cuando una persona empieza a presentar problemas para caminar, pérdida de equilibrio, dificultades para tragar, visión borrosa, adormecimiento en la mitad del cuerpo y problemas para agarrar objetos, entre otros síntomas, puede estar empezando a sufrir una hemiplejía, que es la parálisis de una de las mitades del cuerpo.

Los accidentes cerebrovasculares (ACV) son la causa más común de la hemiplejía. En esos casos, la obstrucción del flujo normal de la sangre causada por un coágulo provoca daños en el cerebro, lo que afecta la movilidad. Golpes fuertes, diabetes, meningitis, coágulos, hemorragias cerebrales y enfermedades que afectan los nervios son algunos de los disparadores de este problema.

Cuando el flujo sanguíneo afecta solamente al área del cerebro que envía señales a los músculos de la cara estamos ante una parálisis facial, que también puede darse si el nervio facial se inflama.

“Tuve una recuperación asombrosa”

salud02935Candelaria Maidana sufrió un accidente que le dejó paralizado la mitad de su cuerpo, paulatinamente se fue recuperando, pero su brazo y su boca tenían secuelas del accidente. Ella recibió una invitación que la llevó a recuperarse al 100% en menos de un mes.

“Llegué a la iglesia enferma, mal, depresiva. Recuerdo que tenía problemas con mi esposo, dificultades económicas y a mis hijos enfermos, al mayor lo internaban frecuentemente y decían que debían realizarle un trasplante de pulmón. Me sentía impotente.

Encima me chocó una moto y me produjo una parálisis en la mitad del cuerpo. Me preguntaba para qué vivir más, si dependía de otra persona. Necesitaba que mi esposo me ayudara a vestirme y vivía celosa, paranoica, la desconfianza me enfermaba. El peor momento fue cuando discutí con mi esposo y le dije que me iba a ir de casa así me mataba. Salí a la ruta y dije que ese día se terminaba todo, pero pensé que tenía que haber una salida, no podía dejar a mis hijos enfermos, eso me detuvo.

Al tiempo, una prima me invitó a la Universal, al participar de la reunión entendí lo que Dios podía hacer con mi vida y volví bien, con paz, con amor, pude dormir y me levanté al otro día con ganas de limpiar toda la casa. Hacía años que no tenía ganas de hacer nada. Dije que tenía que volver a ese lugar, para estar mejor. Perseveré y en menos de un mes me curé de la secuela que me impedía movilizarme normalmente. Todo cambió al participar de la Hoguera Santa, mi matrimonio fue transformado, mis hijos están sanos y económicamente estamos bien, era imposible pensar que un día podría llevar una vida normal”.

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